Pulken
Desde muy chica cultivé el gusto por las piedras. Recuerdo un verano en Villa Gesell en el que leí en una revista de mi mamá que las piedras podían ser amuletos, sólo tenias que escuchar el llamado, elegir una. Y así fue, esa tarde caminé por la orilla del mar y encontré una, la sostuve y arrimé a mi pecho. Después seguí caminando y vi flotando entre las olas un billete de 2 pesos, que en ese momento era bastante dinero. Para mi fue un instante mágico. A la noche después de comer fuimos a una feria y me compré un anillo, tenía forma de delfín y una piedra en el medio que cambiaba de color según el humor.
Los diseños que forman parte de esta colección me recuerdan a la niñez, a hacer collares y pulseras con mis primas, para regalarlos como una ofrenda a nuestras mejores amigas.
Desde Pulken reivindico el juego, los sueños de infancia y la naturaleza.